RAQUEL FORNER: LA PINTORA PORTEÑA QUE LLEVÓ LAS GUERRAS Y LOS CAMBIOS DEL SIGLO XX A SU OBRA

 

Raquel Forner nació en Buenos Aires en 1902 y murió en la misma ciudad en 1988. Fue una de las artistas argentinas más importantes del siglo XX y desarrolló una obra marcada por los conflictos políticos, las guerras y las transformaciones de la sociedad moderna. Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes y se graduó como profesora de dibujo. En 1924 realizó su primera participación en el Salón Nacional y posteriormente comenzó a construir una carrera que la llevaría a relacionarse con las vanguardias europeas. Su formación en Buenos Aires fue importante, pero sus viajes y contactos internacionales ampliaron considerablemente su perspectiva artística.

En 1929 viajó a Francia y asistió a cursos en París. Durante ese período entró en contacto con nuevas corrientes artísticas y con otros artistas argentinos que también se encontraban en Europa. Forner formó parte del llamado Grupo de París, junto con figuras como Alfredo Bigatti, Antonio Berni y otros artistas argentinos. Ese contacto le permitió alejarse de la pintura académica y acercarse a las vanguardias. Sin embargo, Forner no siguió una única corriente durante toda su vida. Su obra fue modificándose a medida que cambiaban sus preocupaciones. La experiencia europea fue importante, pero su producción posterior estuvo muy relacionada con acontecimientos históricos concretos.

En Buenos Aires, Forner desarrolló una parte importante de su carrera y en 1936 se casó con el escultor Alfredo Bigatti. Ambos construyeron una casa-taller en San Telmo, que se convirtió en un espacio de trabajo y producción artística. Allí Forner inició la serie “España”, relacionada con la Guerra Civil Española. Poco después, el inicio de la Segunda Guerra Mundial provocó una nueva etapa en su obra. En 1939 comenzó la serie “El drama”, donde utilizó imágenes y figuras para representar la violencia y el sufrimiento producidos por los conflictos bélicos. En 1942 obtuvo el Primer Premio de Pintura en el Salón Nacional por una obra perteneciente a ese ciclo.

La pintura de Forner no buscaba realizar una reproducción periodística de las guerras. Su objetivo era expresar el impacto humano de esos acontecimientos. Sus figuras aparecen muchas veces deformadas, agrupadas y sometidas a situaciones de tensión. Los rostros y cuerpos tienen una fuerte carga simbólica. La artista utilizó recursos relacionados con el expresionismo y el surrealismo para representar una realidad que consideraba imposible de mostrar mediante una pintura tradicional. La guerra podía estar ocurriendo a miles de kilómetros de Buenos Aires, pero sus consecuencias formaban parte de la vida cultural y política de la ciudad. Las noticias, los debates y las discusiones sobre Europa atravesaban también a los artistas argentinos.

Décadas después, Forner comenzó a interesarse por otro tema: el espacio y la exploración del cosmos. A partir de la década de 1950 desarrolló una serie de obras relacionadas con la conquista espacial. El cambio fue importante porque pasó de representar conflictos terrestres a imaginar escenarios vinculados con otros mundos. El Museo Nacional de Bellas Artes ha señalado esta etapa como su “ciclo espacial”, desarrollado entre 1957 y 1987, en el que utilizó recursos que combinaban elementos de su experiencia surrealista y expresionista con nuevas preocupaciones vinculadas al avance científico.

Forner recibió numerosos reconocimientos durante su trayectoria y logró una presencia importante tanto en Argentina como en el exterior. Su obra fue incorporada a colecciones de instituciones como el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museum of Modern Art de Nueva York. Sin embargo, su importancia no se reduce a los premios. Forner desarrolló durante décadas una carrera artística en un ambiente en el que las mujeres tenían que enfrentar obstáculos adicionales para ser reconocidas. Su historia es también la de una artista porteña que construyó una obra propia y que utilizó la pintura para abordar algunos de los principales conflictos del siglo XX. Buenos Aires fue su lugar de formación, de trabajo y de construcción de vínculos con otros artistas, y su casa-taller de San Telmo quedó como parte de esa historia.