Reserva Ecológica Costanera Sur: Flora, fauna y senderos a metros del centro

Es uno de los fenómenos urbanísticos y ecológicos más singulares y fascinantes del planeta: a escasos cientos de metros del vertiginoso centro financiero de Buenos Aires, de los rascacielos de cristal de Puerto Madero y de la Casa Rosada, se extiende un territorio salvaje de más de trescientas cincuenta hectáreas donde la naturaleza ha vuelto a reinar de manera indómita sobre los escombros de la propia ciudad. La Reserva Ecológica Costanera Sur es la muestra viva de la capacidad de regeneración de la biosfera cuando se le concede el espacio y el tiempo necesarios para florecer.

El origen de este enclave natural es paradójico y enteramente accidental. Durante la década de 1970, en el marco de proyectos de reestructuración urbana de la última dictadura militar, se inició el rellenado de las aguas del Río de la Plata a la altura de la antigua Costanera Sur. Para ello se utilizaron toneladas de escombros provenientes de las demoliciones realizadas para la construcción de las autopistas urbanas. El proyecto original de edificar allí un centro administrativo y financiero fue finalmente abandonado por razones económicas. Durante los años siguientes, el terreno de escombros quedó a la deriva y la naturaleza comenzó un proceso acelerado de colonización espontánea. Las semillas transportadas por el viento, el agua del río y las aves migratorias germinaron entre el concreto y la tierra importada. Para mediados de la década de 1980, el ecosistema se había desarrollado de tal manera que en 1986 la Ciudad de Buenos Aires lo declaró oficialmente Paraje Natural y Reserva Ecológica.

Hoy en día, la Reserva Ecológica alberga una diversidad biológica asombrosa que incluye más de trescientas especies de aves, decenas de especies de mamíferos, reptiles, anfibios y una inmensa variedad de insectos y peces. El paisaje está dominado por cuatro grandes lagunas de agua dulce —la Laguna de los Coipos, la de las Gaviotas, la de los Patos y la de las Macáes— cuyos niveles hídricos fluctuantes crean bañados y pajonales densos. Los vastos cortaderales, con sus plumero blancos que ondean al viento del río, se alternan con bosques nativos de alisos del río, ceibos de flores rojas sangre, saucedales y matorrales de chilcas.

Los visitantes ingresan a este santuario por el acceso sur (Avenida Brasil) o por el acceso norte (Avenida Córdoba) y pueden recorrer sus más de diez kilómetros de senderos de tierra consolidada a pie o en bicicleta. Al adentrarse por el Sendero del Medio o por el Sendero de la Costa, el ruido ensordecedor del tráfico urbano desaparece paulatinamente, reemplazado por el trino de las calandrias, el croar de las ranas, el susurro del viento entre los cañaverales y el suave oleaje del Río de la Plata al romper contra la escollera de piedra.

Llegar al mirador que da al río abierto ofrece una perspectiva estética sobrecogedora: a la espalda del visitante se recortan las siluetas imponentes y espejadas de los rascacielos de Puerto Madero, mientras que al frente la vista se pierde en la inmensidad marrón y horizontal del río más ancho del mundo, con la costa uruguaya intuyéndose en el horizonte en los días limpios. La Reserva Ecológica Costanera Sur no solo actúa como un filtro ambiental y regulador térmico para la ciudad, sino también como un espacio indispensable de educación ambiental y reconexión espiritual con la vida silvestre para millones de porteños que encuentran en sus senderos un respiro profundo en medio del cemento metropolitano.