Caballito y el Tranvía Histórico: Un viaje en el tiempo por el centro geográfico de la ciudad

Ubicado en el centro geográfico exacto de la Ciudad de Buenos Aires, el barrio de Caballito es un microcosmos donde conviven la historia de los transportes que modernizaron la capital, la densidad de sus grandes avenidas comerciales y la apacible nostalgia de sus pasajes residenciales. El barrio debe su curioso nombre a la pulpería que a principios del siglo XIX instaló en la zona el inmigrante genovés Nicolás Vila, cuya veleta de latón sobre el techo lucía la figura de un pequeño caballo, convirtiéndose en el punto de referencia ineludible para los viajeros y carreteros que se adentraban en la pampa desde el casco urbano.

Si hay una experiencia que sintetiza el amor de Caballito por su patrimonio y su memoria colectiva, es sin duda el viaje a bordo del Tranvía Histórico de Buenos Aires. Cada fin de semana y feriados por la tarde, en el pintoresco sector conocido como el Barrio Inglés de Caballito, el tiempo retrocede de manera casi mágica. Organizado y mantenido de forma totalmente voluntaria y gratuita por la Asociación Amigos del Tranvía —fundada en 1976—, este museo viviente pone en funcionamiento una flota impecablemente restaurada de coches tranviarios que circularon por las calles porteñas entre finales del siglo XIX y la década de 1960, cuando el sistema fue definitivamente desmantelado.

El circuito tranviario inicia en la parada de la calle Emilio Mitre al 500, entre José Bonifacio y la avenida Directorio. Al ascender a uno de estos elegantes coches —ya sea un modelo Lacroze de madera de pino oregón de 1927, un coche inglés de dos pisos o un tranvía portugués—, el pasajero es recibido por un motorman y un guarda ataviados con los uniformes oficiales de la época. El guarda pica los boletos de cartón tradicional con su alicates, mientras el motorman acciona el manubrio de bronce de la manivela de freno y hace sonar el inconfundible metal de la campana que advierte a los peatones.

El recorrido, de unos dos kilómetros, discurre silencioso a través de las calles de empedrado del barrio. El suave tintineo del trole al deslizarse por la línea aérea de contacto de cobre y el crujido de las ruedas de acero sobre los rieles transportan de inmediato a los pasajeros a una Buenos Aires donde la velocidad no dictaba el ritmo de la existencia. Durante el viaje, los guías de la asociación narran con pasión detalles técnicos, anécdotas históricas y la evolución del transporte público en la ciudad que alguna vez fue llamada "la capital mundial del tranvía" por la extensión de sus tendidos.

El entorno urbano que atraviesa el Tranvía Histórico añade un valor estético excepcional al paseo. El llamado Barrio Inglés de Caballito, delimitado por las avenidas Pedro Goyena, Rivadavia y las calles Emilio Mitre y del Barco Centenera, es una joya de la arquitectura residencial de principios del siglo XX. Diseñado para albergar a los mandos medios y técnicos de las empresas ferroviarias de capital británico, este enclave presenta calles arboladas con vistosos chalets y caserones que combinan elementos del neogótico inglés, el art nouveau y el eclecticismo porteño, con sus entradas de hierro forjado, jardines delanteros e impresionantes trabajos de carpintería en sus puertas y ventanas.

Muy cerca de allí, la avenida Pedro Goyena despliega una de las arboledas de tipas más espectaculares de la ciudad, cuyos follajes se entrelazan sobre el asfalto formando una verdadera bóveda verde que en los meses de verano tamiza la luz del sol en destellos dorados. En esta avenida ha florecido también un próspero polo gastronómico y cervecero que dialoga armoniosamente con el espíritu residencial del barrio. Caballito demuestra así su capacidad para ser simultáneamente un nodo geográfico vibrante de la metrópoli contemporánea y un refugio nostálgico donde la memoria sobre rieles sigue marchando viva para alegría de todas las generaciones.